Caminos afectivos.

«Escribo porque temo escribir, pero tengo más miedo de no escribir»

Gloria Anzaldúa

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Hay que aprender a traicionarnos fue una de las tantas frases que navegaron en mis pensamientos después del encuentro con Ileana Diéguez. Esa frase traída de Tadeusz Kantor, quien pensaba que la traición es necesaria, pues permite abandonar las propias conquistas una vez alcanzadas, ya que la destrucción forma parte de la creación de nuevos discursos.

Y yo, que me acostumbré a pensar en futuro, confieso que había logrado una suerte de conquista, la cual me ha permitido ejercitar una mirada panorámica de mi accionar y además, me ha pedido acuerpar los cambios, corporizar los desapegos y aceptar la flexibilidad, un camino con múltiples tropiezos [me debo muchas disculpas] y sin embargo, ha sido el escenario de entrenamiento donde me siento cómoda, útil, «fructífera». Sólo que ahora, al leer una escritura mía de julio 2020, puedo ver cómo la traición se intentó colar, e inevitablemente me produjo ansiedad, temor, incertidumbre, así que seguí en el camino conocido, hasta que fue ineludible encarar esas ganas fervientes de traicionarme.

Todo este año abogué por un proceso que permitiera situar mi cuerpo y G. Agamben1 ha sido fundamental para saber (m – e- n ) mi tiempo, mi contemporaneidad, mirar mis propios pasos y extender la mirada en varias direcciones, sólo que deseo integrar un ingrediente más: «situarme en el Gran Tiempo»2, ese que aparentemente no me corresponde, pero que lo hago mío en en mi vida, que algunos llaman -escena-, donde decidí estar y ser. Para ello escribo este texto, para continuar mi diálogo, husmear mis pensamientos y archivar mi intento de traición.

Ante eso, quiero puntualizar que caminar y afectar son los verbos que acompañan el sentido íntimo y político de mi escritura. Mis afectos se han convertido en mi instrumento de reflexión epistemológica y mi caminar, la acción que permite organizar todo lo que me pasa por el cuerpo. Todavía no entiendo muchas cosas, pero decido hacerme cargo con esto que hoy me toca.

I. Desempolvar algunos pasos.

Nací en Cancún, Quintana Roo y en el 2010 llegué a Mérida, Yucatán, la llamada ciudad blanca, ciudad de la paz. La ciudad que ha superado a Florencia y Québec como la mejor ciudad del mundo para vacacionar y vivir, lo cual es un hecho si formas parte de la población whitemexican3 y cumples la tradición heteronormada impuesta por el sistema capitalista y patriarcal en el que vivimos. De lo contrario, la ciudad de la paz, será una de las ciudades con el peor sueldo en todo el país, donde la justicia parece lejana porque el Estado ha funcionado con un patrón de nula acción y silencio indiferente para atender solicitudes sobre casos de violencia4, y sentirás el racismo, elitismo, homofobia y misoginia que han documentado y argumentado investigadoras como la Dr. Eugenia Iturriaga Acevedo5.

Llegué con un objetivo claro, estudiar la licenciatura en teatro para luego migrar a la gran ciudad, me refiero a la ciudad de México, en busca de mejores posibilidades para ejercer mi profesión, y mientras eso sucedía, debía estudiar, trabajar y foguearme en múltiples proyectos para prepararme adecuadamente. Confieso que llegó un momento en el que estaba muy molesta con la ciudad, pude acuerpar la famosa diferencia entre la moral, la doble moral y la “moral yucateca”; acoso callejero; un posible asalto o quizá una posible violación a tan sólo una calle de una vialidad principal de la ciudad que tiene un monumento a los erróneamente llamados conquistadores de Yucatán y fundadores de la ciudad6; sufrí el pésimo transporte público; también tomé valor para desobedecer la heteronormatividad y lo más importante, me nombré feminista. Seré muy franca. Había generado un rechazo a la ciudad, lo único que quería era conseguir los medios económicos para abandonar ese sitio.

II. Llegaron las congresistas.

En el 2015 formé parte del montaje “El Siglo de las Mujeres”7, con dramaturgia y dirección de Raquel Araujo Madera, bajo la co producción de Silkateatro Andante y Teatro de la Rendija, donde tuve como compañera de escena a Silvia Káter. El proyecto pretendía recuperar la historia y conmemorar los 100 años del Primer Congreso Feminista realizado en México, el cuál se llevó a cabo del 13 al 16 de enero de 1916 en el teatro José Peón Contreras8. Mis bitácoras apuntan a que fue en ese momento cuando comencé a reflexionar sobre mi agenciamiento, pasividad, idealización, mi necesidad de buscar y encontrar un lugar para sentirme parte.

Pasó el tiempo y en el 2019 logré desplazarme a Buenos Aires (CABA), Argentina para comenzar mi maestría, y durante el vuelo me sentía [muy] nerviosa, ansiosa, preocupada, y sin poder hallar el origen del pensamiento, recordé de manera repentina el proceso de montaje de “El Siglo de las Mujeres”, sólo que ya no me enfoqué en el Congreso, sino en cómo se habrían sentido las mujeres que asistieron, más allá de las sonrisas registradas en las fotografías que se conservan; qué habrá sucedido en sus cuerpos durante el trayecto de los municipios a la ciudad; qué habrá pasado en los trenes; ¿habrán estado nerviosas?; ¿habrán podido dormir la noche antes?; qué pensaron las mujeres que no pudieron asistir por no saber leer y escribir; qué pensaron las mujeres que se quedaron al cuidado de los hijos de las mujeres que cumplían los requisitos para formar parte; terminando el evento ¿habrán cambiado de opinión respecto a un tema?… Caminé mucho estando en CABA y al encontrarme frente al monumento a Juana Azurduy pensé inmediatamente en el monumento a los Niños Héroes que se encuentra en el parque La Mejorada, en la ciudad de Mérida.

Hablando con las personas supe que la estatua de Juana había sido emplazada donde se encontraba un monumento a Cristóbal Colón, pero tiempo después, fue reubicado a su lugar actual, frente al Centro Cultural Kirchner.
Qué lindo sería colocar en Mérida un monumento a las mujeres congresistas.

III. Cómo se nombra esto que siento.

Marzo 2020, el mundo se detiene, algunas fronteras cierran, no pude volver a CABA a terminar mi maestría, era imperante quedarse en casa. El único recurso con el que contaba para sobrellevar ese encierro, era salir y caminar. Eso hice, caminé y recuperé una actividad que había recriminado estando en Mérida. Mi enojo hacia la ciudad había nublado ese gozo.
Caminando conocí el parque Margarita Maza, ubicado en el noroeste de la ciudad, donde se encuentran 5 bustos de mujeres yucatecas: Elvia Carrillo Puerto, Felipa Poot Magaña, Rita Cetina y la abogada, Antonia Jiménez Trava, nombrado la rotonda de Mujeres Ilustres de Yucatán. Me enojé mucho. Sentí el pago de cuota del Estado. El parque descuidado, mal iluminado, en las sombras, hasta el rincón, olvídalo, así, como han mantenido nuestra historia. Me enojé más.
Retomé el libro de los anales del primer congreso feminista y atendí otra parte del registro de ese evento, donde se relata la preparación del congreso y ahí especifican que el comité organizador se reunía en la calle 64 #519 del centro de Mérida. Acción inmediata. Tengo que ir a ese lugar y hacer algo, una intervención, un performance, una obra de teatro…
…no puede ser.

Cada día tenía que contar la anécdota: leí en los anales del Primer Congreso Feminista que en la calle 64 #519 las mujeres del comité organizador se reunían para discutir los temas del evento; ahí Adriana Vadillo Rivas llevó nota de lo propuesto en cada encuentro, ahí entraron en conflicto cuando varias mujeres desistían de sus compromisos para con el congreso, ahí se re organizaron varias veces, ahí discutían, ahí hablaban de la propaganda feminista que llevarían a los municipios para motivar y convencer a las mujeres de asistir al evento, ahí se organizaban estratégicamente para conseguir los boletos de tren y montos de manutención para que las mujeres de los municipios pudieran formar parte, desde ahí se dieron las indicaciones para la suspensión de clases de esos días, ahí ocurría todo eso que no se ve, todo el proceso de gestación, articulación, planeación, producción y hoy, 105 años después, es una gasolinería.

Investigué más y mi enojo fue creciendo. El parque La Mejorada, que apareció en mis recuerdos al ver el monumento a Juana Azurduy, fue el barrio donde existieron varias escuelas para señoritas, mismas que fueron sede para las mujeres congresistas; la escuela primaria de niñas fundada en 1909, fue renombrada Primaria Distrito Federal; en medio del parque está el monumento a los Niños Héroes; a pocos metros se encuentra el edificio que albergó a La Siempreviva9, la primera escuela y revista literaria escrita exclusivamente por mujeres (1870) y no cuenta con algún indicador que ahí tuvo lugar tremenda y trascendental iniciativa; el mismo teatro José Peón Contreras, sede del Congreso, no señala algo al respecto…

Tuve claro dos cosas, la primera, el borrado de la historia de las mujeres en el espacio público es evidente, lo segundo, mi relación con la ciudad había cambiado.

Produje y dirigí el montaje “CAMINANTES. Hacia el Encuentro”10, el cual consistió en reconstruir tres recorridos por las calles de Mérida que salen de manera simultánea. Al adquirir tu boleto tienes que decidir a qué comitiva pertenecer, puede ser al de la profesora propagandista, la obrera sindicalista o la escritora liberal. Tres mujeres provenientes del año 1916, que caminan por la Mérida del 2021 y pasan por distintas rutas que salen desde la Antigua Estación de Ferrocarriles, la Escuela Primaria de Niñas y el Restaurante Los Almendros (Barrio de Mejorada) hacia el Teatro Peón Contreras, lugar donde se reunirán para hacer presencia en el Primer Congreso Feminista de Yucatán y de México. Cuando gestioné el proyecto, me interesaba caminar por ciertos lugares para compartir lo que había sentido, recordando una historia que es nuestra y debe estar presente en la memoria y en el espacio público.


Te afectó mucho ¿verdad?


No supe qué responder.

No había dimensionado la participación de los afectos en este proceso. Lo primero que pensé al enfrentarme a ese cuestionamiento fue sobre la responsabilidad afectiva, aquella que “va de hacernos cargo de nuestras acciones, implica un sentido de corresponsabilidad” (Juárez, 2021). El estado tiene una relación conmigo y en ese sentido, no se ha hecho responsable de las acciones que ejerce hacia el cuerpo de las mujeres, hacia mi cuerpo. El estado nos ha violentado al no dar seguimiento ni difusión correspondiente a los feminicidios, ni concretar la alerta de género. No existe un sentido de corresponsabilidad, yo cumplo con mis obligaciones como ciudadana y el estado no cumple con sus obligaciones como servidor público. No existe una responsabilidad afectiva hacia nuestra historia. Sí, realmente me afecta dimensionar todo esto.

IV. Caminos afectivos.

Sara Ahmed (2015) menciona que “los cuerpos adoptan justo la forma del contacto que tienen con los objetos y con los otros” (p. 19) y es la idea del contacto lo que me interesa. Un contacto que produce un afecto, que no ha alcanzado un campo emotivo o racional, sino que la maduración de ese afecto va articulando el pensamiento para posterior a eso, enunciar, si fuera necesario, lo que ha provocado, con “un arte de la distancia capaz de encontrar la medida más justa de la proximidad” (Garcés, 2013, p.100) Los afectos para mí, no son emociones, pues considero que reduciría su potencia, porque los afectos no son controlables, ni exclusivos de cierta población evolucionada, ni entran en la categoría de lo adecuado o inadecuado, ni cuentan con un principio y final o pueden difuminarse con el tiempo. Los afectos pasan por la piel cada vez que se tiene contacto y en este proceso, caminar se ha convertido en la acción que me ha permito tener esa proximidad y esta reflexión. Los afectos guardan una potencia y labrar desde ese lugar implica un compromiso. Detectar ese afecto y preguntarse si es necesario atenderlo y si es el caso, qué puedo hacer con esto que me está afectando, no necesariamente para compartirlo, pero sí para situar la semilla que ha de germinar.

En ese sentido, Marina Garcés (2013) relaciona la afectación con un sentido social que me interpela, el cual conlleva un ejercitamiento. «Aprender a ser afectado, a transgredir la relación de indiferencia que nos conforma como consumidores espectadores de lo real. Empezamos a pensar cuando aquello que sabemos (o no sabemos) afecta nuestra relación con las cosas, con el mundo, con los otros. Para ello hace falta valentía y la valentía se cultiva en la relación afectiva con otros» (p.92) y ese cultivo acentúa el valor del tiempo. Asimismo, considero que hay afectos que no logran la suficiente potencia para devenir en acción y no porque el cuerpo no sea el adecuado para realizar la alquimia necesaria, sino porque no ha sido el momento de situarse.

Dimensionar los afectos no como una zona restringida de producción, sino como un marco de desafío teórico y práctico desde dónde activar modos de hacer, de pensar, de sentir, de traicionarse y dejar de pensar [tanto] en futuro.

Veamos cómo sigo, por lo pronto esos afectos me dieron un regalo, encontré a Hortensia y el 16 de noviembre es su cumpleaños.

NOTAS:

1 Agamben. G (2008) ¿Qué es lo contemporáneo? Recuperado de https://19bienal.fundacionpaiz.org.gt/wp-content/uploads/2014/02/agamben-que-es-lo-contemporaneo.pdf

2 Véase youtu.be/vfbWs69IU58

3 Véase https://www.animalpolitico.com/blog-invitado/whitexican-una-definicion-balanceada/


4 Véase https://adalidcultura.com/hitos/yucatan-falso-paraiso/


5 Iturriaga, Eugenia. Las élites de la ciudad blanca. Discursos racistas sobre la otredad. Mérida: UNAM, 2016.

6 Véase https://informefracto.com/arte-ciencia/el-monumento-a-los-montejo-un-desvio-de-la-mirada/

7 Véase https://silviakater.com/siglo-de-las-mujeres/

8 Véase https://www.gob.mx/sre/articulos/cien-anos-del-primer-congreso-feminista-en-mexico

9 Véase https://inehrm.gob.mx/work/models/inehrm/Resource/1484/1/images/RitaCetina.pdf

10 Véase https://corriendoconlobas.com.mx/2021/03/15/caminamos-para-encontrarnos/

Ahmed, S. (2015) La política cultural de las emociones. México D.F: programa universitario de estudios de género.

Garcés, M. (2013) Un mundo común. Barcelona: ediciones bellaterra

Juárez, M. T. (2021). Responsabilidad afectiva. CDMX: Pie de página. Recuperado de https://piedepagina.mx/responsabilidad-afectiva/

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